Colores
Todos
sabemos el color
y
también de sueños . . .
Unos
gustan las cálidas auroras
y
los largos vestidos de novia.
Otros
la crepitante hojarasca del bosque
y
la lluvia tiñendo los techos.
Todos
sabemos el color
y
también de los sueños . . .
El
azul es cielo
el
purpura amanecer o muerte . . .
El
amarillo con fantasía quizás otoño
el
negro tormenta o tal vez tristeza.
Todos
sabemos el color . . .
Pero
nos faltan sueños para comprender
el
sensible y negro
color
de la piel.
Los golpes de la vida
Yo
que de la vida
me
sostuve
de
la cuerda floja de los golpes
y
cuidé mi equilibrio como un suicida,
me
invaden – a veces – lágrimas ajenas como
chorreante mar
y
gritos compartidos
y
extrañas metamorfosis
que
van llenando mi cuerpo
hasta
sacudirlo
hasta
desmembrarlo de sonrisas
y
de sueños palpitantes;
Y
en ese silencio abismal
que
une lo falso con la ternura,
reveo
que mi cuerda y mi equilibrio
estaban
aseguradas y protegidas
contra
golpes y accidentes.
Poema de un martes 13
Que
despertar tan aturdidamente de imágenes
Celestiales
que
regaban – desde el cielo – enormes gotas de
sangre
desojadas
a la muerte.
“Mis
sueños hoy se revelaron – dije – contra este
convulsionado
mundo
de
fantoches
que
entristecen y pisotean los rincones del alma,
donde
la sangre es un pretexto para la rutina
cotidiana
de
teñir la muerte”
Hoy
la lluvia también se reveló contra mis cicatrices
desmesuradas
por el miedo
y
corrí . . . corrí . . . corrí . . .
buscando
y abriendo puertas
derribando
muros, presintiendo manos temblorosas;
y
me cansé . . . me agité de colocar esqueletos
nuevamente
de pie,
y
fue tan fuerte la tormenta
que
mis brazos
y
mi pecho
y
mi sangre
se
confundieron con el barco
buscando
los pasos resonantes
y
la sangre
de
las entrañas aun calientes de la muerte.
Ella,
sentada al borde del infinito umbral de la razón
Sacudía
cansadamente su mueca del dolor,
fatigada
y derrotada ante la venda de mis ojos.
Detrás
mío,
el
horizonte,
derramaba
su último llanto púrpura.
Rojo
Tengo
una monstruosa mentira metida bajo las uñas
de
tanto rasguñar paredes rojas
en
donde los profes locos
– esos duendes ladrones de risas –
escupieron
en mis bolsillos cargados de ternura.
Tengo
también remotas historias de olvidos
latiendo
salvajemente
y
estrangulándome con pegajosas inmundicias
que
se adhieren en cada viaje de mi memoria.
Tengo
garras inútiles por falta de caricias
y
la piel oxidada de tantas lágrimas,
evaporadas
mariposas,
de
corta vida y alas largas.
Tengo
libros destrozados
y
“mágicas – lógicas” dedicatorias
y
la locura rondando mi cama
hijos abortados
mariposas
negras de ojos brillantes colgando del techo
una
gillette en la pared
y ladrones
de vida.
Pero
también alguno que otro poema
arrugado
y manchado de tiempo
bajo
la carpeta de mis sueños.
Las manos y el camino
A Carmen.
Alguien
dijo:
Toma mi mano
y también toma mi corazón,
es tuyo mi pequeño huerto
de alegrías
mi música
mi apoyo
las lágrimas.
Si . . . alcánzame la tuya
Sostengámonos con nuestros
brazos
con las palabras
con los ojos
con la fidelidad de
nuestra vida
amanecida.
Esta bien . . . hoy
nacimos, somos
huérfanos
en cada pisada que se nos
adelanta
y padres de caminos y
atardeceres.
Pero creceremos y
lucharemos
por el hombre hecho pan
por los niños que no
fuimos
y que vendrán
por la canción de los días
de la vida
y una guitarra.
Vamos, caminemos . . .:
Toma mi
espejo de
aventuras y marchemos
que el
camino es largo
. . .
solitario
y nos
necesitamos para
empujar
la
agrietada rueda de la
vida.
La Fe.
Muchas
veces el misterio
nos
recorre la mente
preguntándonos
si hay que dar
para
recibir,
y
muchas veces creemos
hallar
la paz en las virtudes;
pero
nunca nos preguntamos
si
creer es una virtud
o
si el sobrevivir nos da la fe.
Estos poemas pertenecen al libro Espejo
Astillado (1980)
Saúl Solano. Poeta. Nació en Jujuy en 1952.
Ha publicado Espejo astillado (1980),
Mirando Dentro (2001), Inconcluso (2018) y está por publicar
próximamente Instrumentos de Aire. Además
tiene publicaciones en varias revistas de la provincia y nacionales.
