Pablo Baca

 


HAY formas

de sobrevivir.

Lo primero es aprender

a escuchar el propio nombre:

hay que escucharlo

como si uno estuviera

fuera de uno mismo.

No hay que defender

ni ese ni ningún nombre.

Para pasar la noche

         –sobrevivir

hay que saber que uno es nadie.

He pensado

en lo que tendría que haber hecho

con mi tiempo.

Había esperado que algo

me lo hiciera saber:

unas palabras irresistibles

o una señal del más allá.

Pero pasaron días y días

y años

y no llegaba ningún mensaje. 

Quería aparecer

con palabras firmes.

Pero andaba perdido

en asuntos demasiado viejos.

Me equivoqué. 

Es fácil decirlo ahora.

Pero entonces

urgía la necesidad

de abrirse paso

entre las horas

en que no ocurría nada 

hasta el instante

en que todo había concluido.

La poesía solo se abre

para un instante

de incertidumbre.

No hay palabras justas

para eso,

apenas un pasmo.

Miro ahora las consecuencias

sin nada que decir

y sin tener que pedir perdón.

En la noche alta

comprendo ya sin palabras

que el destino no era

ese día en que la vida

me daría lo que había ganado

ni tampoco una iluminación

que dejara ver

a través del amor

y del tiempo.

Sería el día que fue:

un día que vino desde el fondo

a borrar los caminos

y a quedarse para siempre.

 

***

 

ERA una noche oscura.

Andaba por el jardín con mi perro.

Otras noches, la luna

o las luces de la ciudad

que hacen brillar las nubes,

permiten ver el camino,

las ramas que lo cruzan

y los troncos en el piso.

Pero esta vez

la oscuridad nos encerró

a él y a mí

y se perdieron los caminos.

Me dejé llevar

a tientas por el perro

que ahora tiraba de la cuerda

como queriendo,

también él, escapar de ahí.

No es la luz nuestro destino:

no nos espera la luz.

Nos espera un jardín a oscuras.

A veces con la suerte de tener

un perro.

 

***

 

Polonia Vda. de Vilte

 

En su rancho

arriba de una empinada cuesta,

a los setenta y tantos,

sobre la línea de la subsistencia,

sin una oveja más, sin nada,

y ya tocando el tiempo tan real

como la brisa que con la tarde

ha levantado, ella canta:

y entonces vuelve el hijo

que por última vez pasó

hace más de cinco años,

y también aquel hombre

que se fue un día

con el sueño del metal,

la voz del Diablo bajo los pies;

y sobre la necesidad animal

vuela la canción,

y la consuela,

porque, así como los trae,

el canto se los lleva

 

***

 

NO es verdad que no estuve:

estuve y estoy.

Todo el día.

No solo ahora que escribo,

ni hace un momento que dormías,

todo el día.

Sé que soy otro

y que miro

como si estuviera en otro mundo.

Pero estoy

y además no tengo más testigo

que vos

para todo este largo tiempo

en que dejé de ser yo mismo.

 

***

 

ALGUNOS cruzaron

a las tierras de la muerte

o cayeron en sí mismos

o no supieron qué decir.

Hubo, también,

los que cerraron la puerta

y nunca más salieron.

Las épocas

y todo lo que había adentro

fueron clausuradas

y sin embargo

el pasado existe:

gente,

que fue trayendo el cielo

y que el cielo se llevó,

ausencias

que sin embargo me encuentran

cada noche aquí sentado.

 

***

 

NADIE saca nada de sí mismo.

Nadie vuelve aliviado de la sombra.

Ni igual.

Los que vuelven

suben una calle tortuosa.

¿Aprendieron algo?

Lo cierto es que no abren la boca.

No se puede hacer nada por ellos,

acompañarlos solamente:

lo fea que está la noche, dicen,

sí, un año tan frío.

Vuelven

los que vuelven

con un cuidado que antes no tenían

y llenos de lo que no tiene remedio.

Frágiles.

Nada los cuida del silencio.

Nadie sale mejor de ningún lado.

Las aguas corren cada día más oscurast.

 

 

………………………

Pablo Baca vive en San Salvador de Jujuy, Provincia de Jujuy, República Argentina, donde nació el 16 de marzo de 1958. Es abogado.

Ha publicado "Cuentos de la mujer y el solitario" (Ed. Dirección de Cultura de Jujuy, poesía, Jujuy, 1989), "Habitante del viento" (Ed. Fundación Norte Chico, novela, Jujuy, 1996), "No esperar nada más de las estrellas" (Ed. Catálogos, cuentos, Buenos Aires,1999), "He visto vivir" (Ed. Universidad Nacional de Jujuy, poesía, Jujuy, 2000), "Al lado de Clara que duerme" (Ed. Diario Pregón, novela, Jujuy 2002), "Un relato ausente" (Ed. Intravenosa, poesía, Jujuy, 2009), "Escenas de la noche y del amanecer" (Ed. Tres Ramones, cuentos, Jujuy, 2013), "La caja fuerte de Ángela" (Ed. Culiquitaca, relato, Tucumán, 2014), "Nadie saca nada de sí mismo" (Ed. Culiquitaca, poesía, Tucumán, 2015), "Las cosas perdidas" (Ed. Brujas, Colección Fénix de Poesía, poesía, Córdoba, 2022) y “Veta abajo” (Ed. Ápéiron, novela, Madrid, España, 2024).