HAY formas
de sobrevivir.
Lo primero es aprender
a escuchar el propio nombre:
hay que escucharlo
como si uno estuviera
fuera de uno mismo.
No hay que defender
ni ese ni ningún nombre.
Para pasar la noche
–sobrevivir
hay que saber que uno es nadie.
He pensado
en lo que tendría que haber hecho
con mi tiempo.
Había esperado que algo
me lo hiciera saber:
unas palabras irresistibles
o una señal del más allá.
Pero pasaron días y días
y años
y no llegaba ningún mensaje.
Quería aparecer
con palabras firmes.
Pero andaba perdido
en asuntos demasiado viejos.
Me equivoqué.
Es fácil decirlo ahora.
Pero entonces
urgía la necesidad
de abrirse paso
entre las horas
en que no ocurría nada
hasta el instante
en que todo había concluido.
La poesía solo se abre
para un instante
de incertidumbre.
No hay palabras justas
para eso,
apenas un pasmo.
Miro ahora las consecuencias
sin nada que decir
y sin tener que pedir perdón.
En la noche alta
comprendo ya sin palabras
que el destino no era
ese día en que la vida
me daría lo que había ganado
ni tampoco una iluminación
que dejara ver
a través del amor
y del tiempo.
Sería el día que fue:
un día que vino desde el fondo
a borrar los caminos
y a quedarse para siempre.
***
ERA una noche oscura.
Andaba por el jardín con mi perro.
Otras noches, la luna
o las luces de la ciudad
que hacen brillar las nubes,
permiten ver el camino,
las ramas que lo cruzan
y los troncos en el piso.
Pero esta vez
la oscuridad nos encerró
a él y a mí
y se perdieron los caminos.
Me dejé llevar
a tientas por el perro
que ahora tiraba de la cuerda
como queriendo,
también él, escapar de ahí.
No es la luz nuestro destino:
no nos espera la luz.
Nos espera un jardín a oscuras.
A veces con la suerte de tener
un perro.
***
Polonia Vda. de Vilte
En su rancho
arriba de una empinada cuesta,
a los setenta y tantos,
sobre la línea de la subsistencia,
sin una oveja más, sin nada,
y ya tocando el tiempo tan real
como la brisa que con la tarde
ha levantado, ella canta:
y entonces vuelve el hijo
que por última vez pasó
hace más de cinco años,
y también aquel hombre
que se fue un día
con el sueño del metal,
la voz del Diablo bajo los pies;
y sobre la necesidad animal
vuela la canción,
y la consuela,
porque, así como los trae,
el canto se los lleva
***
NO es verdad que no estuve:
estuve y estoy.
Todo el día.
No solo ahora que escribo,
ni hace un momento que dormías,
todo el día.
Sé que soy otro
y que miro
como si estuviera en otro mundo.
Pero estoy
y además no tengo más testigo
que vos
para todo este largo tiempo
en que dejé de ser yo mismo.
***
ALGUNOS cruzaron
a las tierras de la muerte
o cayeron en sí mismos
o no supieron qué decir.
Hubo, también,
los que cerraron la puerta
y nunca más salieron.
Las épocas
y todo lo que había adentro
fueron clausuradas
y sin embargo
el pasado existe:
gente,
que fue trayendo el cielo
y que el cielo se llevó,
ausencias
que sin embargo me encuentran
cada noche aquí sentado.
***
NADIE saca nada de sí mismo.
Nadie vuelve aliviado de la sombra.
Ni igual.
Los que vuelven
suben una calle tortuosa.
¿Aprendieron algo?
Lo cierto es que no abren la boca.
No se puede hacer nada por ellos,
acompañarlos solamente:
lo fea que está la noche, dicen,
sí, un año tan frío.
Vuelven
los que vuelven
con un cuidado que antes no tenían
y llenos de lo que no tiene remedio.
Frágiles.
Nada los cuida del silencio.
Nadie sale mejor de ningún lado.
Las aguas corren cada día más oscurast.
………………………
Pablo Baca vive en San Salvador de Jujuy, Provincia de Jujuy, República Argentina, donde nació el 16 de marzo de 1958. Es abogado.
Ha publicado "Cuentos de la mujer y el solitario" (Ed. Dirección de Cultura de Jujuy, poesía, Jujuy, 1989), "Habitante del viento" (Ed. Fundación Norte Chico, novela, Jujuy, 1996), "No esperar nada más de las estrellas" (Ed. Catálogos, cuentos, Buenos Aires,1999), "He visto vivir" (Ed. Universidad Nacional de Jujuy, poesía, Jujuy, 2000), "Al lado de Clara que duerme" (Ed. Diario Pregón, novela, Jujuy 2002), "Un relato ausente" (Ed. Intravenosa, poesía, Jujuy, 2009), "Escenas de la noche y del amanecer" (Ed. Tres Ramones, cuentos, Jujuy, 2013), "La caja fuerte de Ángela" (Ed. Culiquitaca, relato, Tucumán, 2014), "Nadie saca nada de sí mismo" (Ed. Culiquitaca, poesía, Tucumán, 2015), "Las cosas perdidas" (Ed. Brujas, Colección Fénix de Poesía, poesía, Córdoba, 2022) y “Veta abajo” (Ed. Ápéiron, novela, Madrid, España, 2024).
